El torero de Madrid pinch al soberbio tercero de Puerto de San Lorenzo, el toro clave de la comprometida tarde, que termin sin una vuelta al ruedo; fall la espada y la variedad con el capote hubiera sido una utopa con el encaste Atanasio.



Una ovacin de gala recibi a Miguel Abelln ante el mayor reto de su carrera y otra ovacin de inmensa generosidad lo despidi con la noche asomada al ruedo.Muertos los seis toros, vivo el torero, un xito, sola repetir con ingenio Gustavo Prez-Puig. Y razn no le hubiera faltado con Abelln, que antes de las casi lorquianas cinco y media de la tarde contaba en la casas de apuestas con un 18-1 a que no sala por su propio pie. As que, desde ese punto de vista, el gesto de Miguel Abelln se podra considerar como un xito de la supervivencia. Pero a Miguel Abelln no le aguant el depsito y se desfond a la muerte del excelente tercer toro de la tarde, el toro clave de lo que llaman 'encerrona'.

Miguel nunca se haba enfrentado a seis toros en solitario en su carrera de 17 aos de alternativa, lo consideraba de privilegiados no sin razn, y a este Otoo llegaba con el cuerpo de sus currados 35 aos castigado por una temporada dura en la que permanentemente ha cambiado paliza por triunfo, siempre entre la pica y la gloria. Y as este pasello crucial lo haca con el dedo pulgar de la mano izquierda como una morcilla de clavos, con la falange rota, operada y rehabilitada contrarreloj. Cuando sonaron los clarines del miedo, ya se contaba con ello. El problema final fue el fsico. Sin oxgeno y sin bombeo, se asfixian tambin las ideas. El esfuerzo qued demostrado hasta el toro que marc la fecha sealada, el del justo ecuador de la seria corrida de Puerto de San Lorenzo, un superclase de profundidad y ritmo. Despus fue tirar de un cuerpo que no responda, alejado de la lidia y haciendo de tripas corazn hasta que son la campana.

La variedad con el capote no es que fallara, sencillamente el encaste Atanasio por su fro, mansn y suelto comportamiento en los tercios previos no se presta. En seis toros en Madrid cuentan todos los factores y el bsico responde a la espada. Y la espada no funcion, sobre todo en el citado tercero, por nombre 'Burganero', en mansita fuga de capotes y picado las dos veces por el picador que guarda puerta en su bajo lomo, en su honda anatoma rematada por una cara muy cerrada, acodado como un gancho hacia dentro del pitn derecho. Carretero le ech un capote a un compaero en un quite prodigioso a la salida del tercer par, y entonces Abelln cat el temple en un quite por chicuelinas -tafallera de por medio- y una revolera. De taco el toro. Un principio de faena por alto y el encaje de la cintura y la mano baja a cmara lenta en dos series superiores. Cumbre. Desde esos terrenos de la segunda raya un poco hacia fuera se lo cambi Miguel a los mismos medios. Y, aunque el toro se pens la media distancia, all que fue a seguir con su ritmo sostenido y su profundidad todava por la diestra. Sigui el son de la embestida y la faena por enormes naturales. Absolutamente entregados los contrincantes. Como la plaza. Y entonces fue como si el ya veterano matador viese la llama tenue, e intuyese el fondo trmulo ya del soberbio toro, y se tir por una espaldina, y un circular invertido, y un cambio de mano y una trincherilla. Un popurr que mantuvo ms el calor de los tendidos que la categora. Lo grave vino con el acero. Y todo se fundi. Empezando por el torero.

Abelln hubiera conquistado una oreja, o dos, a saber, que se habran sumado a otra que tampoco cort por insensibilidad presidencial en el primero de La Ventana del Puerto, un toro recortado, tocado arriba de pitones, manos cortas y corto cuello. Todava fresco y muy centrado, Miguel Abelln dio con las claves de la distancia y la altura, para hacerlo romper lo que se agarraba al piso y lo que no humillaba por pura morfologa. Con la izquierda le dibuj buenas series, hasta apurarlo muy enfrontilado, de uno en uno, cruzando el pitn, con caro aire en los remates. El toro se amorcill luego con la espada dentro, hubo peticin que si el palco estima al menos hubiera significado un empujoncito, no un regalo, en tarde tan comprometida.

Luego ya, perdido el fondo tras 'Burganero', el cinqueo cuarto result rajado, huido y desentendido. Y el quinto, tambin con los cinco cumplidos, muy en la lnea de la casa por dentro y por fuera, exigi con carcter una mano derecha poderosa. Pero la que haba apenas poda con la muleta: cuando pudo encontr el empleo del toro. Miguel Abelln haba bajado ya los brazos. Nunca Madrid haba estado tan cariosa con un matador en tesitura semejante: la ovacin de aliento que escuch antes de la salida del sexto record a Sevilla con Manzanares... No puntu este ltimo como tampoco lo haba hecho el segundo.

Torero vivo, toros muertos, un xito, dira Gustavo. Pero no se trataba de eso.