Microsoft ve cómo se le ciegan algunas líneas de negocio y se ve en la necesidad de que Windows 10 sea un rotundo éxito. Si no lo consigue se acentuarán los problemas





Satya Nadella, CEO de Microsoft


Que un portavoz de Microsoft anunciase que la gratuidad para actualizar a Windows 10 se extendía en China a las copias sin licencia se entiende mejor si analizamos los mensajes que habían venido lanzando hasta ahora: toda su base de usuarios (hasta ahora se entendía que la de pago) se iba a poder actualizar gratis desde Windows 7 u 8 y, esto es del año pasado, tampoco iban a cobrar licencia a fabricantes en la versión para móviles y tablets de menos de nueve pulgadas.


La foto resultante muestra que en el imperio de Redmond hace tiempo que se puso el sol, que cobrar por Windows se antoja una misión mucho más difícil en 2015 que hace apenas unos años. Las licencias por sistema operativo que llegaron a suponer el 47% del negocio de Microsoft eran a finales de 2013 eran el 25%.


No vamos a dar ninguna exclusiva si apuntamos que en la guerra de plataformas móviles, Microsoft tiene una especie de síndrome de película de festival de cine: éxito de crítica, pero no de público. Buenas ideas, audacia para diferenciarse y una cuota de mercado que invita a replantearse cómo debe ser su presencia en el teléfono y las tabletas.


De entrada la aparición de Office completo para iOS y Android y sus movimientos agresivos con OneNote, Outlook y Onedrive en la misma dirección indican que la lectura de su actual CEO, Nadella, es muy realista: si quieren al menos vencer en servicios y nube están obligados a apostar por las plataformas dominantes en móvil y no guardar ninguna exclusiva – han dejado años de ventaja a competidores – para el sistema propio.


La tentación de refugiarse en el mercado corporativo es más difusa que nunca.


Esto le permite a priori salvaguardar a una de sus vacas lecheras en lo que a negocio se refiere, Office. Con Windows el problema es diferente, mientras Apple ofrece las actualizaciones de su sistema para escritorio gratis y Google intenta hacer relevante a Chrome OS, se fortalece un modelo de negocio que es un desafío para Microsoft: crear valor con el software, hacer negocio con el hardware (Apple) o con los servicios (Google).

En esa tesitura no es de extrañar que Microsoft sorprendiera con la aparición de Surface, su ordenador híbrido con el que apuntaban a competir con el mejor producto que tiene Apple (el Macbook Air), pero a la vez lo hacían con el resto de fabricantes que utilizan Windows. De repente la compañía que por entonces lideraba Ballmer era un poco menos de ecosistema para empezar a tantear el negocio de fabricante en el que entró de lleno cuando compró la división de móviles de Nokia.


Un éxito obligado


La importancia de que Windows 10 sea un éxito rotundo está relacionada con todo este cuadro competitivo: es la culminación de la visión de Microsoft de la convergencia entre sistemas de escritorio y de móvil, es su última oportunidad para tener una plataforma relevante en esta última categoría y, sumando ambos factores, seguir siendo el tipo de compañía que ha venido siendo en el mercado de la informática de consumo.


Y es que en el mercado profesional podemos hablar de un momento, cuando menos, dulce para Redmond. Sobre todo por su temprana y acertada visión alrededor del cloud computing, con un producto como Azure que parece el único de poner en apuros a Amazon, pionero en la infraestructura como servicio para terceros. Podrían tener la tentación en Microsoft de resolverse como una empresa para el mercado corporativo, de girar como hizo IBM en su momento, pero la línea que separa este mercado del de consumo está más difusa que nunca.


La salida, con la definición que dio Nadella de la compañía "una empresa de productividad y plataforma para el mundo del mobile-first y del cloud-first", es la de resultar relevantes en un mundo en el que la mayoría de usuarios ya no necesita Windows. Dice su CEO que su objetivo es que, perdida la necesidad, la gente escoja Windows porque “lo ama”. Yo añadiría que no hay muestra mayor de aceptar el nuevo lugar de Microsoft en el mundo que el de hacer un nuevo movimiento agresivo como el de no cobrar por Windows 10